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10 jun 2015

Ojalá que la vida nos vuelva a cruzar...

"Puedes convivir durante años con una persona y nunca llegar a conocerla, o puede bastar con sólo un momento para llegar a su conocer su alma"
...

Hoy te escribo a ti, no se con qué motivo. Quizá solo necesito hacerlo. Han pasado solo algunos días desde que tuvimos ese enfrentamiento, y ya siento tu ausencia.

Me gusta cuando me miras con inquietud, tratando de analizar cada uno de mis movimientos y predecir mis pensamientos. Me gusta cuando con la mirada me pides aprobación para recargar tu cabeza en mi hombro. Me gusta cuando sonríes de verdad, ¿has notado qué tu rostro se arruga un poco, tu encía se asoma y te brillan los ojos?

Hoy te escribo a ti, con una torpe esperanza de volver el tiempo, de rescatar eso que habíamos cultivado.

Me gusta cuando te veo jugar, se puede notar el éxtasis que te ocasiona hacerlo. Incluso me gusta que no te gusten muchas cosas, en cierta medida creo que amo la intolerancia en sus diferentes facetas, pese a no practicarla continuamente. También me gusta que pretendas tener control sobre todo, ¡a mi vida le hace falta un poco de eso!

Hoy te escribo a ti, sin sentido alguno, sin esperar nada. Te escribo para agradecerte, para guardar nuestro recuerdo por siempre, para congelar éste sentimiento, para nunca olvidar lo importante que has sido, eres y serás en mi camino. Te escribo porque te voy a extrañar. Te escribo porque es mi tonta manera de creer que te quedas conmigo. Te escribo porque es la única manera que encuentro para inmortalizarnos.

Te escribo porque te quiero.
Te escribo porque lo necesito.
Te escribo porque espero que algún día, la vida nos vuelva a cruzar...

Por supuesto que me acuerdo de uno de tus personajes favoritos

28 oct 2011

Hola extraña

¡Carajo!, ¿por qué la vida te da lecciones todo el tiempo?
Recién acabo de asimilar que soy un estúpido egoísta.

...

Siempre te has mostrado dispuesta, siempre. Has ofrecido demasiado, tal vez te excediste, porque mal acostumbraste a ese pequeño monstruo dictador que emerge cada día más de mi persona. A decir verdad duele tener que aceptar lo egoísta que soy. Duele tener que asimilar que existen otros límites y otras realidades ajenas a las mías. ¡Vaya que duele!

Ya no encajan los berrinches ni las boberías, ya es tiempo de afrontar las cosas de frente; con calma y sabiduría. El saber que estás buscando y cumpliendo tus objetivos debería ser suficiente. Sin embargo, para esta enferma mente no lo era, hasta hace unas horas.

Me da gusto saber que cuento contigo, y me agrada que luches por lo que anhelas, es claro que eres parte de lo que soy, que formas parte de mi historia y que ese lugar ya nada lo perturba.

Y es que si sigo con mi honestidad, acepto que no tengo palabras para expresarme, no tengo bien definido lo que quiero decir, sólo me queda aceptar que tengo miedo, miedo de perder ese lazo único que tenemos, que nos une. Que juntos hemos construido, y del cual pocos tienen la dicha de jactarse y presumirlo.

También cabe mencionar que en ningún momento intento reclamar o reprochar nada. No tengo cara ni argumentos para hacerlo. No puedo quejarme en absoluto de todo lo que me has dado, de todo lo que me has apoyado. Te amo y realmente nunca quiero perderte. Y haré todo lo posible porque eso jamás suceda. Yo tampoco se que haría sin ti...

Tengo la esperanza que disculpes toda esta arrogancia y egoísmo, sólo que me cuesta encarar ciertas cosas (nunca he sido bueno para eso, pero ya lo sabes). La realidad es que, mientras te encuentres bien; yo voy a estarlo.

...

Es obvio que no eres ninguna extraña, y nunca lo serás, eres más que mi hermana y te conozco mejor de lo que tú misma lo haces. Y recuerda que aún tenemos un pacto pendiente, y una meta conjunta por cumplir.

Casi lo olvido, ¡también tenemos una apuesta que voy a ganar!